sábado, 30 de marzo de 2013

La Montaña Pelada del Park Güell (Barcelona)


Texto y fotos: Alex Guerra Terra

Hace varias lunas, cuando escribía “La sombra de Gaudí”, emprendí una de tantas incursiones nocturnas por el Park Güell, simplemente para llenar el vacío de mi desvelo por un enigma no resuelto, y curiosear el sitio sin la irritante presencia de tantos turistas que se agolpan en el sitio durante el día. Me adentré, como casi siempre, por uno de los portales secundarios, para lo cual debí atravesar el espeso montecito que lo rodea. La brisa traía con su soplido el silbido de los árboles de los alrededores. El paso veloz de las nubes en el firmamento jugaba con la luz, llenando la tarde de mágicas sombras, y de un revoloteo alegre de hojas secas que salían de su letargo en rápidas volteretas. Empezaba a conocer la laberíntica encrucijada de senderos como la palma de mi mano, de tanto recorrerla, así que en pocos minutos llegué a este camino de tierra que se interna directamente en el frondoso bosquecillo que rodea el Park Güell. Parece mentira la existencia de este pequeño pulmón verde tan cerca del centro. Pinos, algarrobos, cedros, cipreses y eucaliptus, se mezclan con arbustos y matorrales, que se entrecruzan y alargan sus ramas hacia los serpenteantes caminos de tierra. Y un corazón tan enigmático y caprichoso, creado por la receptiva imaginación de un genio. Alguien me dijo una vez que el lugar quedó marcado por el pasado, un pasado aplastantemente triste vivido por su creador, pero también vibrante de imaginación y magia. Mi espíritu de búsqueda no podía resistirse a intentar encontrar indicios, así que allí fui, una vez más.  

Recuerdo haber leído que la montaña de alrededor era un terreno yermo cuando comenzaron las obras en 1900, como su nombre, Montaña Pelada, indica. Los pinos, algarrobos, cedros y palmeras, los cipreses, eucaliptus y plataneros, que se mezclan con arbustos y matorrales, cactus e hibiscos, sobreviviendo y creciendo en esa tierra seca gracias al sistema de canalizaciones ideado por Gaudí, que aprovecha y recoge de forma natural el agua de la lluvia, fueron plantados en su gran mayoría por aquellos años de principios del siglo pasado. Se ha llegado incluso a decir, debido a las soluciones encontradas por Guadí en las obras del Park Güell, y el hecho de haber mandado plantar especies mediterráneas para repoblar la Montaña Pelada, que el arquitecto era ecologista. Nada más descontextualizado. Este término no existía en su época, y sobre todo, tampoco el concepto. Gaudí no tenía intención de salvar ninguna especie. En esa época, intentaba controlarse la naturaleza, no salvarla, y en el caso de Gaudí, prolongar su belleza y su armonía con la arquitectura. No hay nada social o político en ello, respetaba la naturaleza, pero no pretendía salvarla. El origen de los movimientos ecologistas se remontan a mediados del siglo XX, cuando Gaudí ya había fallecido.  Seguí adentrándome mientras disfrutaba del verde. Me pareció que alguien me espiaba, y a pesar del miedo que eso me produjo, la curiosidad pudo más y esa sensación me impulsó a continuar mi camino en lugar de desandar mis pasos. El parque, sumido en su espectral silencio quebrado solamente por lechuzas y murciélagos, se adueñó de mí y me atrapó entre sus formas místicas, como siempre. Pero al cabo de un rato, no sabría precisar cuánto, me pareció oír un insistente crujido cercano, que resultó ser… no era un fantasma, no… lástima… y no os cuento más, ¡sólo que salí huyendo despavorida!  
Pero el susto pasó. Y mi huida no fue de vuelta hacia mi casa, sino hacia el parque, donde las farolas permanecen encendidas por la noche. Llegué, pues, a la entrada del recinto por la parte trasera. La luna más grande del año, llamada “superluna”, me recibió. Impresionante, allí apareció, entre los árboles. La podemos ver gracias al fenómeno conocido como perigeo, es decir la máxima aproximación que tiene la Luna con la Tierra, unos 50.000 kilómetros más cerca de nuestro planeta que la normal. Además la Luna en el perigeo, parece un 14 % más grande y un 30% más brillante que en el apogeo. La foto la tomé ya casi dentro del Park Güell, a primera hora de la noche, que la Luna se ve más oscura, pues con el avance de la oscuridad, sobre el fondo negro del cielo, la vemos brillar con mucha mayor intensidad. Una vez dentro, ya noche cerrada, viví algunas experiencias inolvidables, pero eso, es otra historia, que contaré otro día, pues el propósito de ésta, era simplemente hablar del frondoso bosquecillo llamado antaño “montaña pelada”.



2 comentarios:

  1. Era un jabali? Este parque/jardin transmite las esencias del pasado. El Parc Güell, sin turistas, es una maravilla de presente y pasado

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    1. Jaja! Hola Mercè, no, no era un jabalí, no los hay allí, ya no al menos, sí en un pasado remoto... sería algún animalillo más pequeño, como un gato o algún reptil. Un saludo!

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